Universo en colores desde Calar Alto

La fundación Descubre y el Observatorio Astronómico Hispano Alemán presentan en Calar Alto ante un público variopinto el proyecto POP 1.23 consistente en diversas actividades. Quedará guardado para siempre en mi memoria un día de mayo, el 15, del año 2010. Ese día experimenté nuevas sensaciones.

Quedará guardado para siempre en mi memoria un día de mayo, el 15, del año 2010. Ese día experimenté nuevas sensaciones.

La fundación Descubre y el Observatorio Astronómico Hispano Alemán presentan en Calar Alto ante un público variopinto el proyecto POP 1.23 consistente en Observaciones remotas para el público en general desde la sede de entidades miembros de Descubre; Sesiones de observación locales en el propio observatorio; Actividades educativas y divulgativas para escuelas y universidades; Cursos y escuelas sobre observación astronómica avanzada para el colectivo de astronomía amateur; Programa sistemático de obtención de imágenes astronómicas para educación y divulgación.

Algunas de estas actividades ya se han realizado anteriormente, una de ellas recientemente en octubre de 2009, con la organización del I Curso de Fotometría Astronómica para la Medición de la Contaminación Lumínica, para astrónomos amateurs, donde participamos dos miembros de la Sociedad Malagueña de Astronomía, Francisco Gálvez y Blanca Troughton, junto a otros 15 compañeros más de España que contó también con la colaboración del Planetario de Pamplona y la asociación Cel Fosc.

Pero el sábado 15 de mayo se organizó la primera sesión de observación local.

El grupo, muy numeroso, estaba formado por unas 50 personas, entre ellas los ganadores del concurso asociado a la exposición “De la Tierra al Universo, la belleza de la evolución del Cosmos” y personas que han colaborado con dicha exposición de distintas entidades.

Comenzamos la sesión con una charla de presentación a cargo del astrónomo de Calar Alto David Galadí, quien nos comentó las características principales del enclave de Calar Alto relacionándolo con la historia del observatorio y su equipamiento. Intervinieron además Teresa Cruz, Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de Fundación Descubre, que nos presentó el CAHA como el mejor lugar de Europa para observar el firmamento estrellado. La bienvenida fue dada por la alcaldesa de Gérgal, Leonor Membrive, y ofreció a los asistentes una visita guiada a los importantes monumentos de Gérgal para el día siguiente.

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Del Centro de Visitantes pasamos a las instalaciones del mayor telescopio del continente europeo, el Observatorio que alberga al telescopio de 3,5 metros de diámetro ubicado bajo una cúpula de 30 metros de diámetro y cuyo punto más alto se encuentra a una altura de 40 metros del suelo. Majestuoso, perfecto en sus movimientos, reflejo de una tecnología de los años 70 que no deja de admirarse aún hoy.

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Caminamos tranquilamente entre el calar de la Sierra de los Filabres para llegar al observatorio que aloja al telescopio de 1.23 metros de diámetro, también de tecnología alemana. Estaba atardeciendo, aún había bastante luz en el cielo, algunos ojos avizores lograron ver la tenue luz de Venus entre el inmenso océano azul claro del cielo. De pronto todos nos agrupamos alrededor para buscar una referencia y poder localizar el punto brillante. Se veía perfectamente.

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Cuando subimos al observatorio y tras las explicaciones que nos dio David Galadí, comenzó la magia del atardecer. David enfocó el telescopio en la dirección de Venus y pudimos observarlo en directo mirando a la antigua usanza “poniendo el ojo en el ocular”. ¡Qué maravilla! Grande, blanco, luminoso, … Se encontraba en fase gibosa, como la Luna cuando está entre el cuarto creciente y la llena.

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Nos comentó David que era la primera vez en 30 años que nadie ponía “el ojo en el ocular”, ya que ahora se hace todo desde control remoto con cámaras fotográficas CCD y otros aparatos científicos, como espectrógrafos, etc.

Tras la visita, al Sol le quedaba poco para embarcarse en la barca de Ra adentrándose en la noche. Antes de su partida algunos de nosotros junto a David subimos a un pequeño cerro coronado por rocas para ver el último rayo de luz de esa tarde mágica que presagiaba una noche aún mejor. Ese último rayo fue de color verde.

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Representantes de Gérgal, el Valle de Almanzora y Serón nos ofrecieron una suculenta cena a base de embutidos típicos de la zona, destacando entre otros el famoso jamón de Serón, pueblo que desde finales del siglo XIX se especializó en el manejo de las viejas recetas de salazón, aderezos, aliños y embutidos. Nos endulzaron la cena con postres típicos del Valle de Almanzora, todo ello regado con buen vino de la comarca.

Una conjunción Luna-Venus en el horizonte oeste anunciaba la entrada de la noche. Teresa Cruz junto a Isabel Roblas de Astronomía Sevilla y Blanca Troughton de la Sociedad Malagueña de Astronomía organizaron los grupos reducidos de visita al observatorio de 1.23 para comenzar las observaciones nocturnas directas, que empezaron alrededor de las 11 de la noche y se fueron sucediendo unas tras otras hasta las 4 de la mañana. Pudimos ver Saturno con sus anillos que ya empiezan a despuntar y una serie de objetos de cielo profundo que personalmente para mí constituyeron una verdadera revelación del Universo.

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Hasta ahora el telecopio más grande por el que había observado mirando por un ocular era uno de 30 cm de espejo, el primero de ellos fue uno que tenía la Sociedad Malagueña de Astronomía en su antiguo observatorio de Miraflores del Palo. Yo había hecho muchas observaciones con ese telescopio, prácticamente lo había visto todo bajo un color grisáceo, como se ve con los telescopios, ya sabemos que el color se ve en las fotos. Pero cuál fue mi impresión cuando David me dice “Blanca mira que se ve la anular de Lira por el telescopio” y no agrega nada más. Yo miro con la ilusión de verla por un telescopio de ese calibre pero me quedo sin palabras, ¿qué te parece? me dice David, “pero… si la veo en colores! contesté yo. No me lo podía creer, el Universo en colores a simple vista. Llegué a apreciar tonos rojizos, amarillentos y azulados. Tras la Lira observamos la galaxia Remolino, M 51, cuyos brazos espirales no se veían como trazos lechosos o borrosos, sino perfectamente delimitados. La primera vez que se observó la estructura de galaxia en espiral fue en esta galaxia. Su compañera más pequeña, unida a la principal fue descubierta por Piere Méchain en 1781 y allí estábamos nosotros observándola desde el mejor cielo de Europa dejando impresionar nuestra retina por la luz que salió de allí hace 37 millones de años. El telescopio apuntó después al cúmulo globular de Hércules, en el que con paciencia y esmero se podrían haber contado las estrellas que lo forman una por una. El objeto que más me impresionó fue la nebulosa planetaria “Ojo de gato”, NGC 6543, en la constelación del Dragón, descubierta en 1786 por William Herschel. Esta nebulosa que se formó en el año 1000 de nuestra era contiene en el centro a una estrella 10.000 veces más luminosa que nuestro sol. En las fotos se ve de color verde, como el ojo de un gato y es que en la realidad es verde para nuestros ojos y así la pude ver, verde, verde, que te quiero verde.

El frío acuciaba y presagiaba el fin de una jornada que terminaba en el tiempo pero no en la memoria, ya que que perdurará para siempre en el recuerdo.

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Quiero dedicar este artículo a David Galadí por su dedicación y entusiasmo con los amateurs del universo y por saber transmitir la emoción que se siente al sentirse partícipe de este inmenso océano de estrellas y a Teresa Cruz por conseguir que se haga realidad esta actividad.

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